Italia y la simbiosis que vale un triunfo
Nunca he sido un defensor del juego propuesto por Italia, aunque en las estadísticas figure como el último campeón del mundo. Siempre he pensado que con la categoría de sus futbolistas resulta casi pecaminoso jugar de esa manera tan austera y poco ofensiva. Pero detrás de ese fútbol poco vistoso aparece algo muy destacable, y es la forma de hacer perdurar una idea a través del tiempo. Italia no traiciona sus ideales, y tiene bien en claro que los triunfos cuentan por encima del espectáculo, una visión muy diferente a la de un servidor, pero que sin embargo respeto. Mis reacciones ante la convocatoria de Lippi para esta Copa Confederaciones no fueron nada buenas, sobre todo por ver varios nombres que se niegan a desaparecer de esta lista. Casi milagroso fue encontrar futbolistas como Simone Pepe, Davide Santón o Giuseppe Rossi entre tantos veteranos, más aún tras las palabras del mítico entrenador afirmando que Italia tendría caras nuevas para esta competencia. Sin palabras…
Mis ganas de ver a D’agostino con la azzura también se desvanecieron, por lo que el partido de esta noche ante Estados Unidos no me inspiraba mucha emoción. Pero a pesar de mis sensaciones previas, pude disfrutar de dos nombres estelares, con actuaciones que valieron la pena ver el encuentro. Y justamente fue la letal combinación entre un viejo conocido y un hiperquinetico punta quienes le permitieron a Italia derrotar a un rival que nunca bajó los brazos –ni siquiera con un hombre de menos- y que dio batalla hasta el final. La presencia de Gattuso tras su larga inactividad no fue de mucha ayuda, sino que mermó claramente a un centro del campo sin jerarquía. El penal de Donovan y la avasallante actitud de los norteamericanos obligaron a Lippi a mover el banco, donde se encontraba la solución. El delantero del Villareal, fiel a su costumbre, fue el encargado de aportar velocidad y chispa a una delantera inmóvil y sin peso hasta el momento. Con la salida de Gennaro, Pirlo se sintió libre, y allí comenzó a gestarse la remontada.
El golazo de Rossi despabiló a un equipo dormido y sin ideas, el delantero le marcaba a su país de origen pocos minutos después de ingresar y revolucionaba a su seleccionado. Fue De Rossi quién desniveló con la especialidad de la casa, el potente remate desde fuera, para poner las cosas ‘‘en su lugar’’. El tercero llegó ya con esa dupla afianzada, una jugada monstruosa digna del Pirlo que todos conocemos, y una definición del delantero que pudo torcer la historia. Italia se impuso con dificultadas ante un obstáculo inesperado y espera más tranquilo a dos selecciones muy complicadas, la clase de Brasil y el corazón de Egipto. Lippi encontró todas sus respuestas tan solo moviendo sus piezas ofensivas, y para su fortuna logró combinar experiencia y juventud con un resultado óptimo.
Esperemos que se repita, y que la situación siga mejorando. Aún mantengo la esperanza de ver al prometedor Santón en lugar de Zambrotta, que poco tiene que hacer ante el prometedor lateral interista. Montolivo es una clara apuesta siempre y cuando pueda mantener una minina regularidad. Y arriba, queda claro que Rossi es la respuesta, siempre y cuando tenga a un inspirado Pirlo para resolver cualquier imprevisto…