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jueves, 18 de febrero de 2010

Del Piero confirma que el Ajax sigue siendo una escuela

Debo admitir que la jornada de Europa League de este jueves me dejó gratamente sorprendido. Aunque no estoy de acuerdo en incluir 16 partidos en un mismo día creo que pudimos apreciar de choques de gran nivel entre equipos con mucho potencial y futbolistas interesantes. Y si hablamos de lo último, debemos mencionar a un club tan modélico como histórico llamado Ajax de Amsterdam. Esa institución significativa de Holanda, aquella que saltó al máximo nivel gracias a Johan Cruyff, que luego recordó grandes momentos de la mano de Louis Van Gaal, hoy puede presumir de ser una autentica cantera inagotable de futbolistas, una mina de oro para ojeadores y una fuente de abastecimiento para los grandes equipos europeos.

Ojo, no dejemos fuere de este lote al Ajax, pero aunque les pese a los románticos como un servidor el equipo ajaccied hace tiempo que ha dejado de ser una referencia a nivel continental. Lejos quedan las imágenes de míticos equipos campeones de Europa, hoy los oriundos de Amsterdam deben luchar y mucho para conseguir una plaza en Champions. Además, equipos como Twente u otro grande como el PSV son actualmente los dominadores de la Eredivisie. Esta noche, un genial Alex del Piero impuso su fútbol en la arena de Amsterdam dándole a una pobre y súper italianizada Juve un triunfo inesperado y extremadamente valioso.

Es la cruda verdad. A los chicos de Martin Jol aún les queda un largo camino por recorrer. De no ser por la magia de Pinturicchio y los goles de un irregular Amauri, otro gallo hubiese cantando. Sobre todo por el comienzo del encuentro, donde vimos la mejor cara de un Ajax solidario, ordenado y ultra ofensivo hacer añicos a una defensa entrada en años, con Zebina y Legrottaglie como exponentes. Ver a Alessandro en el campo me hizo recordar a mi amigo Christian, un enfermo sin cura del fútbol del '10' bianconero. Sin forzar mucho la maquinaría ni arriesgar demasiado su físico, Alex se inventó dos jugadas mágicas y asombrosas salidas de sus quirúrgicas botas para que su amada Juve ponga pie y medio en la siguiente ronda.

Debo admitir que soy un gran admirador del juego holandés y sobre todo de este equipo. El compromiso es máximo, los futbolistas destacan por su polivalencia y la idea principal siempre es atacar al rival. Actuar en varios puestos del campo, tener habilidad, visión y buena pegada es casi una obligación para ganarse un puesto en el 11. Podemos decir que en ofensiva este equipo necesita encarecidamente de un fantástico Luis Suárez en faceta goleadora, que hoy no tuvo su momento de gloria. Con el gran Pantelic fuera, las posibilidades ofensivas de los locales se redujeron totalmente. Aún así, no podemos dejar de destacar otros nombres que en un futuro serán –seguramente- de primer nivel mundial. Pero como ya dije, son niños de escuela que todavía necesitan acabar los estudios.

El lateral derecho Van der Wiel –veloz, incisivo, correcto por su banda- y el central belga Alderweireld –semejante a Gerard Pique, gran colocación y salida del balón, muy del ‘estilo Barça’- son dos de las grandes promesas de un equipo donde el potente De Zeeuw, el polivalente Vertonghen, el descarado enganche Lodeiro, el polifuncional De Jong, entre otros, son nombres para seguir bien de cerca. Queda claro que una filosofía tan rica como la de este equipo merece un artículo aparte. Por lo pronto, la actualidad se presume algo diferente para un conjunto que desborda clase y talento, pero que aún se encuentra bastante verde. Lo bueno: sabemos que tarde o temprano le tocará madurar…

jueves, 17 de septiembre de 2009

Las virtudes del Basel y la pobreza de la Roma

El neoexperimento del señor Platini se puso en marcha esta tarde noche. Adiós a la vieja y querida UEFA, hola Europa League. Admito que a un servidor le costó llevar el ritmo tras este vertiginoso comienzo, una docena de partidos a un horario y otra docena luego, muchos choques interesantes pero solamente un canal con un cotejo al azar a primera instancia y otro a su termino. Pero no me puedo quejar, ya que a primera hora aparecía un duelo que me atraía por dos motivos. El primero, para conocer un poco más a este Basel –o Basilea- versión 2009. El segundo, para observar a la nueva Roma de Ranieri de presente negro y futuro traslucido. Y vaya si me he llevado varias sorpresas, no únicamente por este duelo sino también por varios resultados del resto de la jornada.

El ex entrenador de la Juve debutaba en el club italiano con la imperiosa necesidad de mejorar la imagen de un equipo con buenos nombres y pésimo funcionamiento. La presencia de Alexander Frei haciendo dupla con Marco Streller podía inquietar a un tambaleante equipo romano sobre todo en la zona defensiva. Para mi asombro, me encontré con un conjunto muy diferente a aquel que el Barcelona vapuleó a ritmo de entrenamiento en la fase de grupos de Champions pasada, un equipo bastante sólido, jugando muy bien a la contra, rápido y seguro por bandas y con mucha presencia en el área. Una considerable mejora en parte gracias a su técnico, el alemán Thorsten Fink, quién hace tres años aún se encontraba en actividad en el Bayern Munich II, de la tercera división germana. Tras una lesión sufrida en 2006, a los 38 años de edad, Fink se vio obligado a retirarse del fútbol. Dirigió dos temporadas al FC Ingolstadt 04 de su país y a mediados de este año le llegó su gran chance en el Basilea.

El 11 titular me gustó bastante, pero particularmente me quedo con algunos nombres. Samuel Inkoom, lateral derecho ghanés de 20 años, internacional absoluto con su selección. Un defensa sobrio, con muy buen recorrido, juego aéreo y efectivo a la hora de anticipar. Tanto en ataque como en defensa fue una garantía por su banda, combinándose de gran manera con una de las figuras del partido, el luso Carlitos (foto 1). Futbolista que nunca pudo asentarse en su país, llegó a Basilea en 2007 donde ha conseguido las dos últimas ligas locales y es una garantía por su banda, rápido, inteligente y de gran pegada, lo que queda en evidencia con su preciso remate que abrió el partido. Por la izquierda aparecieron el lateral Behrang Safari, sueco pero de origen iraní, correcto defensivamente e interesante colaborando con su compañero Valentín Stocker, que si acabará las jugadas de la misma manera que las comienza ya estaría en una liga de mayor nivel.

Arriba, Frei, el emblema del equipo, descolocó totalmente a la defensa romana. Alexander fue el desequilibrio y Streller una molestia absoluta entre los centrales. A pesar de esto, el goleador encargado de cerrar el pleito fue Federico Almerares, aquel que alguna vez deslumbró por sus condiciones en River Plate, que salió del club de una manera irregular tras varias lesiones en sus rodillas y que hoy marcó un golazo para concretar una victoria impensada pero merecida para los anfitriones. La Roma volvió a parecerse al equipo insulso y pobre del Calcio. El 4-3-1-2 de Ranieri modificó claramente el estilo de juego romano con Spalletti, con Totti como referencia y varios hombres detrás llegando por sorpresa. Hoy, el capitán fue una sombra, Baptista no lo acompañó y el equipo acabó partido en la mitad de cancha, con problemas en la marca y con un solitario De Rossi que nunca pudo contener al buen mediocampo suizo. La Roma con los nombres que presenta debe y tiene que mejorar un abismo.

¿Más sorpresas? El Timisoara rumano igualó sin goles ante el Ajax en Ámsterdam, al igual que el humildísimo FK Ventspils de Letonia en casa del Hertha Berlín y del Sheriff moldavo visitando del Steaua Bucarest. Gran remontada del Hapoel Tel-Aviv ante el Celtic en su campo, triunfazo sobre el final del Salzburgo ante la Lazio en el Olímpico, obviamente con el aporte goleador de Marc Janko. La nota de la jornada la dio el Rapid Viena, (foto 2) goleando 3 a 0 al Hamburgo con Mathijsen, Ze Roberto, Petric entre otros como titulares. Claramente, ha sido una jornada de resultados inesperados.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Trabajar el futuro para reconstruir el pasado

Por Christian Castellanos

26 de Julio de 2006. El fútbol italiano celebraba el campeonato que su selección le había regalado en Berlín contra los enemigos franceses, inconsciente del futuro negro que se cernía sobre el calcio. La mafia arbitral que Luciano Moggi supuestamente utilizó en favor de la Juventus se llevó por delante más de un siglo de historia y las ilusiones recién conquistadas de millones de italianos. Su fútbol iba a vivir el campeonato más extraño que se recuerda; sin la Juventus y con varios equipos (Lazio, Fiorentina y Reggina) que partieron con puntuación negativa. Paradojicamente, el Milan de Berlusconi se libró de cualquier tipo de penalización, mantuvo su puesto de Champions League y terminó cobrándose la vendetta con el Liverpool en Turquía dos años después.

Lo que primero se celebró como la coronación de los sistemas italianos, que volvían a comandar Europa, pronto empezó a usarse como excusa para esquivar el espinoso tema del ocaso italiano. La salud de los equipos italianos estaba profundamente dañada, pero encontraron los títulos como el mejor escudo y aliado. Seguramente haya sido el propio Milan el equipo más perjudicado por la práctica de este filosofía negacionista, lo que llevó a quedarse fuera de la máxima competición hace dos temporadas y a pasar ahora mismo por uno de los momentos más difíciles de su historia, que ya tienen en entredicho a toda el aparato deportivo (y no) milanista. Su giro en materia deportiva, del arriesgado fichaje (costoso) de veteranos en declive como Ronaldinho, Emerson y Shevchenko al asalto (fallido) de jugadores menores de 23, demuestra la carencia de cualquier proyecto deportivo serio mientras el equipo sigue languideciendo por la imposibilidad de concretar cualquier negociación. Érase una vez el Milan estelar de los holandeses (Gullit, Rijkaard y van Basten), de los eslavos (Bobac y Savicevic) o incluso de los italianos (Donadoni, Baresi, Ancelotti, Maldini…). El Milan que era también de Berlusconi, como el de ahora. Como el que ha perdido ocho partidos en pretemporada, el que ha encajado cuatro goles del eterno rival y del que ningún aficionado se lamentaría si Berlusconi, finalmente, decidiese marcharse para seguir con su populismo alejado del que una vez se enorgulleció de ser el club más laureado del mundo.

Más difícil que hacer cualquier juicio o análisis es calibrar si la Roma se encuentra en una situación aún peor. No es buen síntoma que un entrenador se vaya dos jornadas después de empezar el campeonato. Y es uno aún mucho peor que Spalletti sea el cuarto entrenador que dimite en la Roma de manera consecutiva bajo la gestión de Rosella Sensi (antes lo hicieron Prandelli, Völler y Del Neri). Es la mejor representación de una directiva sin mando ni rumbo. El verano ha sido pobre, deprimente, sin la inversión de un solo euro (Guberti libre y Burdiso y Lobont cedidos han sido los únicos refuerzos) y el resultado se ha manifestado en menos de dos semanas con sendas derrotas. Ahora, el equipo que durante años ha practicado el mejor fútbol de Italia, el que hace un año y medio llegó más lejos en la Champions y que se quedó a media hora de ganar el Scudetto hace dos temporadas tendrá que enderezar el rumbo, en la Europa League, eso sí, sin su líder. Lo hará con Ranieri, romano y romanista, curtido en mil batallas y experto en situaciones delicadas, aunque seguramente no sea el entrenador más indicado para abrir un ciclo. La ventaja, en este caso, para la Roma, es que nada da la sensación de un ciclo que comienza.

Y de unos acabados sin signos de resurrección, a otro que parece llegar al final: el de la Fiorentina. Después de haberse clasificado dos años consecutivos para la Champions League, el cuarto año de Prandelli se presenta como el más duro. La venta de algunos jugadores importantes y la ausencia de reemplazo (se fue Felipe Melo por 25 millones y le sustituye Zanetti, que ha costado 2), ha hecho que el equipo, al contrario de lo prometido, no haya mejorado, sino empeorado. El mejor refuerzo viola ha sido el lateral De Silvestri, algo que, sinceramente, y sin pretender despreciar a nadie, parece demasiado poco para superar un grupo con el Lyon regenerado y el Liverpool, esté en crisis o no. Situación peculiar, delicada si se quiere, como la que vive la Lazio, rodeada de un clima agridulce. El equipo, refrescado con Ballardini, está dando una buena imagen, pero sigue dejando la sensación de que mejoraría mucho con Pandev y Ledesma, dos jugadores de lo que no puede permitirse el lujo de prescindir.

Sólamente el hecho de poder ceder a Acquafresca para que continúe su progresión es un indicador de que las cosas para el grifone de Genova. Preziosi y Gasperini han decidido ir por la vía de la experiencia con el fichaje de Hernán Crespo para su ilusionada e ilusionante vuelta a Europa diecisiete años después. Criscito, Palacio o Crespo son hoy los Branco, Aguilera o Skuhravy de aquel equipo que logró batir al Liverpool en el inexpugnable Anfield diecinueve años después (llevaba imbatido desde 1973, cuando perdió contra el Estrella Roja) y llegar hasta las semifinales de la Uefa, cediendo sólo ante la potencia que estaba (re)naciendo: el gran Ajax de van Gaal, que después alzaría el trofeo. Es cierto que entonces eran otros tiempos, la Serie A era la mejor liga del mundo sin discusión; el fútbol inglés aún libraba su batalla contra el hooliganismo y en España Madrid y Barça estaban más concentrados en las tareas domésticas que en expandir fronteras. Aunque ahora los tiempos han cambiado, y el calcio se sitúa por detrás de España e Inglaterra, emborrachado de éxito, el Genoa es el favorito menos postulado para seguir haciendo su historia siendo el primer campeón de la Europa League.

Lo mismo que Inter y Juventus. En su caso no buscan su primer triunfo, pero sí algo igualmente importante: devolver el orgullo que el fútbol italiano ha perdido entre las últimas ediciones de la Champions League y las competiciones internacionales. Buscarán el éxito perdido con las mismas armas: 4-3-1-2 para Juve e Inter, con presión y juego rápido, vertical y de pocos toques. Después de una primera temporada de fichajes fracasados y viviendo de la herencia ‘manciniana’, Mourinho ha conseguido construir ‘su’ propio Inter y la victoria es casi una obligación por el dinero invertido (93 millones de euros) y porque otro desastre continental dejaría al portugués sin justificación para su sueldo más que galáctico de once millones. El Inter ha renovado su columna vertebral con Lucio en la zaga, Motta como cerebro, Sneijder enganchando y fusilando y Eto’o y Milito arriba en el duelo de matadores. La Juve, por su parte, se pone en las manos de Ferrara para recuperar la gloria arrebatada en los tribunales. Diego Ribas y la ilusión generada con los buenos fichajes y las actuaciones del equipo, son los principales avales. La afición por fin coincide en que definitivamente se han paliado los efectos negativos del descenso (los puestos de Emerson, Vieira y Nedved en la Juve ganadora de Capello los ocupan ahora Melo, Sissoko y Diego) y creen que la Juventus se encuentra, ahora sí, en condiciones de luchar por cualquier objetivo. Ferrara ha envuelto el equipo en un alo de positivismo y ha recuperado para la causa algunas piezas importantes que la Signora tenía en el desván. Quizá ese cambio, el de mentalidad, además del trabajo, por supuesto, sea la primera piedra necesaria para que el fútbol italiano recupere su lugar.

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