Mostrando entradas con la etiqueta Selección de Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Selección de Francia. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de junio de 2010

23º 26´17" (las claves de Sudáfrica 2010): días uno y dos

No, no estoy loco y si, esto sigue siendo un blog de fútbol. 23º 26´ 17" es la latitud donde está situado uno de los cincos paralelos que atraviesan la tierra. Este, llamado Trópico de Capricornio, pasa a través de varios países, entre ellos Argentina (mi ubicación) y Sudáfrica. La idea no es dar una clase express de Geografía sino denominar a una sección que pretende aportar una visión detallista pero concreta sobre los partidos durante el Mundial. He aquí la primera entrega. Que lo disfruten…

Comenzó la fiesta en el Soccer City con vuvuzelas y sudafricanos como eje denominador. El insoportable y constante sonido de ese bendito invento africano no impidió –por suerte- que tengamos un partido inaugural con muchos alicientes. Fuera del empate final pudimos darnos cuenta de dos cosas: una; los locales prometen dar guerra y dos; los buenos augurios mexicanos se quedaron sólo en promesas.

Parreira sumó su sexto mundial a cuestas y su equipo se mostró muy entusiasta, con mucho dinamismo y ganas para opacar su falta de fútbol. Tshabalala, un volante técnico pero tácticamente desastroso llenó las bocas de gol de la mayoría presente con un zurdazo implacable. México y su orgullo a cuestas lograron igualar para apagar el fuego de las críticas de las que no pudo salvarse Aguirre, su entrenador. Y es que preferir a Oscar Pérez antes que a los implacables Ochoa o Michel tiene delito, aún más teniendo a Guardado o al sorprendente Chicarrito Hernández sentados a su lado y no en el campo. Gio Dos Santos aportó el desequilibrio, Márquez el gol y la defensa mexicana en complicidad con el ataque sudafricano destellos de emoción en un flojo pero vibrante debut mundialista.

De arrojar toda la emoción a la basura se encargaron Uruguay y Francia con un encuentro soporífero. La dinamita de Suárez y Forlán no encontró la chispa necesaria para encenderse, mal acompañados por Ignacio González a sus espaldas y con poca ayuda por parte del planteo conservador de Tabarez. Domenech y su locura no estuvieron al margen. La banda derecha fue un esperpento, con Sagna contenido –pero seguro, como siempre- y con un Govou que ni siquiera pudo justificar su estrafalaria titularidad. Con un Ribery intermitente sin la ayuda de Evra y con un Gourcuff obstinado en marcar un ‘jabulani-gol’, el asunto no podría terminar de otra manera que no fuese con un empate. Ah, si, Nico Lodeiro ingresó y se fue expulsado por dos duras faltas. Si es que hasta los líricos se contagian, paradojas de la vida…

El Grupo B dio inicio con un Corea del Sur – Grecia que dejó en claro las capacidades de ambos conjuntos. Sorprendieron los asiáticos con su veloz juego asociado y sus apariciones individuales. Todo lo contrario por el lado heleno, si hasta se defendieron de manera pésima, toda una tragedia griega. De la mano de Park Ji-Sung que marcó el segundo gol -¿hay algo que el hombre del United no haga bien?- Corea consiguió un vital triunfo.

La emoción se traslado a Johannesburgo con toda la expectativa para ver a la Argentina de Messi… y de Maradona. Por fin pudimos disfrutar de una selección albiceleste ofensiva y con casi todas sus mejores cartas sobre la mesa. Sólo un golazo de Heinze –si, ‘Heinze’ y ‘golazo’ en la misma frase- pudo batir a un inspirado Enyeama. Con Di María desenchufado al igual que Verón, y con Tevez e Higuaín en modo sacrificio ON, apareció la figura de Messi para poner las cosas en su lugar. El brillante portero nigeriano y la floja puntería argentina dejaron corto al marcador. Argentina, con algunas lagunas abajo y arriba, todavía debe mejorar bastante, y no sólo de cara al arco. Material e inventiva sobran. Ah, el ingreso de Odemwingie revolucionó a unas águilas con poco vuelo.

Inglaterra sufrió nuevamente el maleficio bajo sus tres palos, un error clamoroso que le otorgó el gol del empate final a una selección de Estados Unidos que hace tiempo dejó de jugar al soccer. Capello no quiso ser menos que Aguirre y Domenech, sorprendió con Milner por izquierda –un experimento que duró 30 nefastos minutos- y desencajo a la súper dupla Lampard-Gerrard en rol de doble pivote. Por fortuna para los pross un inspirado Steven se combinó con Heskey –en su única aparición útil durante el encuentro- para marcar el primero y plantar bandera por parte de los ingleses. A partir de allí, los protagonistas fueron Altidore, Donovan, Dempsey y… Green. Empate con gusto amargo para una Inglaterra sobrada de empuje y carente de ideas. La solución pensante se llama Gareth Barry, esperemos verlo ante Eslovenia el próximo 18 de junio.

viernes, 5 de marzo de 2010

Thierry Henry y el ídolo de Galeano

El partido entre Francia y España el miércoles en Saint Denis me recordó a un episodio particular en una clase de mi facultad el año pasado. La salida entre pitos y abucheos de una de las figuras más emblemáticas del fútbol moderno como lo es Thierry Henry hurgó violentamente en mis pensamientos hasta llegar a una mañana –casualmente, también de miércoles- en la clase de Lenguaje Periodístico. Los análisis profundos de textos y cuentos eran el pan de cada día, y cuando tocó analizar el escrito ‘El ídolo’ de Eduardo Galeano surgió una polémica. Aquí las interesantes palabras del escritor uruguayo:

Y un buen día la diosa del viento besa el pie del hombre, el maltratado, el despreciado pie, y de ese beso nace el ídolo del fútbol. Nace en cuna de paja y choza de lata y viene al mundo abrazado a una pelota. Desde que aprende a caminar, sabe jugar. En sus años tempranos alegra los potreros, juega que te juega en los andurriales de los suburbios hasta que cae la noche y ya no se ve la pelota, y en sus años mozos vuela y hace volar en los estadios. Sus artes malabares convocan multitudes, domingo tras domingo, de victoria en victoria, de ovación en ovación.

La pelota lo busca, lo reconoce, lo necesita. En el pecho de su pie, ella descansa y se hamaca. Él le saca lustre y la hace hablar, y en esa charla de dos conversan millones de mudos. Los nadies, los condenados a ser por siempre nadies, pueden sentirse álguienes por un rato, por obra y gracia de esos pases devueltos al toque, esas gambetas que dibujan zetas en el césped, esos golazos de taquito o de chilena: cuando juega él, el cuadro tiene doce jugadores.

-¿Doce? ¡Quince tiene! ¡Veinte!

La pelota ríe, radiante, en el aire. Él la baja, la duerme, la piropea, la baila, y viendo esas cosas jamás vistas sus adoradores sienten piedad por sus nietos aún no nacidos, que no las verán. Pero el ídolo es ídolo por un rato nomás, humana eternidad, cosa de nada; y cuando al pie de oro le llega la hora de la mala pata, la estrella ha concluido su viaje desde el fulgor hasta el apagón. Está ese cuerpo con más remiendos que traje de payaso, y ya el acróbata es un paralítico, el artista una bestia:

-¡Con la herradura no!

La fuente de la felicidad pública se convierte en el pararrayos del público rencor:

-¡Momia!

A veces el ídolo no cae entero. Y a veces, cuando se rompe, la gente le devora los pedazos.

Nuestro profesor, un experimentado corrector y licenciado en filosofía y letras además de amante del fútbol apuntó un aparente error en el texto. ‘‘El autentico ídolo se convierte en leyenda y nunca será cuestionado por su público y sus seguidores’’, agregó convencido. Es una lastima que –en este caso- el escritor haya estado en lo correcto. Los aficionados franceses, cansados de los inentendibles planteos de Raymond Domenech y de observar a su selección anémica de ideas, se desquitaron con el extremo del Barcelona, el mejor jugador de la historia de la Premier League, referente del Arsenal y líder de ‘Los invencibles’, el mismo que fue campeón del mundo y de Europa en el transcurso de tres años y que le otorgó a su país –de manera ilegal, pero le otorgó al fin- la clasificación a Sudáfrica 2010.

La focalización en lo actual y la inmediatez son dos de los tantos factores que han perjudicado claramente a nuestro querido fútbol. Quiero creer que el bueno de Titi sólo fue el chivo expiatorio de toda una selección que cuenta con demasiados futbolistas de calidad pero no puede afianzarse a una idea de juego determinada. Para la satisfacción francesa y la de Domenech, no son los únicos, pero es inaceptable que aquellos futbolistas que han marcado una época sean masacrados y despreciados por los que alguna vez sintieron admiración y devoción hacia su persona y su juego.

Y el problema no es culpa de Domenech ni de los futbolistas, sino de la frágil memoria de algunos que en tiempos mejores supieron disfrutar de la magia de un genio llamado Thierry Henry.


Todos los derechos reservados

Creative Commons LicensePage copy protected against web site content infringement by Copyscape

  © El Balón Europeo 2008-2010. Template by Dicas Blogger.

Inicio